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La leyenda del sol y la luna

Dime una cosa.

¿Alguna vez te has llegado a preguntar en qué manera se creó el día y la noche?

O ¿en qué manera apareció el sol y la luna?

Las personas de la antigüedad creían que los dioses fueron quienes tomaron el lugar del sol y la luna, en medio de una ceremonia cuando la tierra aún estaba sumida en completa obscuridad.

La reunión de los dioses

Se cuenta que hace mucho tiempo, mucho más del que se puede recordar, la tierra se encontraba en completa oscuridad, por lo que los dioses se reunieron en Teotihuacán con la única tarea de elegir a aquel que se encargaría de traer luz al mundo.

La leyenda del sol y la luna
La leyenda del sol y la luna

Tecuciztécatl, un dios muy arrogante, cubierto de joyas y oro se ofreció para tal labor, sin embargo los demás dioses concluyeron que un segundo lo ayudará con tal tarea.

Todos se miraban los unos a los otros, pero ninguno deseaba tal responsabilidad, por lo que le pidieron a Nanahuatzin, un dios humilde, callado y poco agraciado que ayudaron a su compañero.

Nanahuatzin aceptó de buena voluntad.

La ceremonia y su preparación

Ambos dioses partieron para comenzar con sus días de ayuno y penitencia, para llegar completamente puros a la ceremonia que se llevaría a cabo para que el sol y la luna se erigieran sobre la tierra.

Llegado el día, los dioses se reunirá una segunda vez e iniciaron a la ceremonia, creando la fogata más grande que se haya visto hasta ese día. Irradiaba tanto calor que se volvía complicado mantenerse cerca de ella.

Tecuciztécatl fue el primero en la ceremonia y una vez llegado el momento de arrojarse al fuego para transformarse en el sol, se acobardó corriendo del lugar a esconderse.

Los dioses quedaron atónitos, pero comprendieron la situación.

Ahora era el turno de Nanahuatzin, quien llegó humilde, sereno y con gran valor sin pensarlo se arrojó a aquellas llamas que lo consumieron en su totalidad.

Tecuciztécatl, avergonzado por su cobardía en ese momento corrió hacia las llamas para alcanzar a su compañero y al igual que Nanahuatzin fue consumido por las llamas hasta desaparecer.

Pasados algunos minutos Nanahuatzin se erigió como el sol iluminando la tierra lleno de brillo como su alma, mientras que en segundo lugar se levantó Tecuciztécatl transformado en la luna.

Se cuenta que desde ese día ambos dioses se encargan de traer luz a la tierra, Nanahuatzin como el sol durante el día y Tecuciztécatl transformado en la luna durante la noche.

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