La llama de la loma. Leyendas de México

La llama de la loma. Leyendas de México

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Se cuenta que la llama de la loma indica un sitio donde se haya un gran tesoro. 

México posee una amplia red de ferrocarriles que se extienden por todo el país,  conectando los principales centros industriales con puertos y conexiones fronterizas que permiten el traslado de personas y mercancías de un sitio a otro, agregando mayor importancia a los lugares que cuentan con este servicio como veremos en la siguiente leyenda que nos relata cómo fue que un pueblo fue robado despojándolos de los recursos que juntaron, para conseguir que se construyera una estación de ferrocarril en el lugar.

Todo comenzó en 1900 en el municipio de Mier localizado en el estado de Tamaulipas muy cerca de la frontera con Estados Unidos, cuando le ofrecieron a los municipios de Camargo y Cerralvo introducir el ferrocarril al primero que recaudara los fondos suficientes para su construcción y los enviara hasta la capital, donde se le entregaría a la compañía encargada de su edificación, para administrar los materiales y pagos a su trabajadores.

El gobernador del municipio de Mier pensó durante días junto a algunos de los hombres más ricos del lugar, aun que percatándose de que no podrían reunir el dinero solicitado por si solos, e iniciando a pedir a los pobladores que los ayudaran a juntar la cantidad estipulada en monedas de oro lo antes posible, prometiéndo que con su aportación el pueblo obtendría mayor importancia económica, comenzando a mejorar la situación de todos sus habitantes.

De este modo los pobladores de Mier comenzaron a aportar lo poco que tenían, juntando la cantidad de monedas de oro solicitadas y enviándolas a la capital junto con la esperanza de mejorar su calidad de vida, pero siendo interceptados en el camino por un grupo de ladrones que los despojaron de su tesoro.

Pasaron los días y pronto encontraron a los ladrones ocultos en una colina para interrogarlos arduamente, aun que sin llegar a ningún resultado, pues cada vez que les preguntaban en qué sitio habían ocultado las monedas estos respondían altanera y burlonamente “ya lo hemos olvidado”

Los años pasaron y aquellos pobladores que aportaron sus monedas jamás volvieron a mirar su dinero, comenzando a contar entre ellos que al ver hacia una colina en que capturaron a aquellos forajidos se podía mirar una gran llamarada que aparecía todas las noches sin razón alguna y comentándose que esta indicaba el lugar donde fue ocultado aquel tesoro perdido algunos años atrás.




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